domingo, 18 de diciembre de 2011

Hasta pronto...

A lo largo de cien artículos, a razón de uno por semana, he intentado mostrar ejemplos a favor de una hipótesis sobre la relación entre Ciencia y Arte, y su unión en el "acto creador". No se si lo he logrado, pero sin duda he pasado buenos momento con este extraño pasatiempo. Pero ahora aprovecharé el haber llegado a los 100 artículos para detener (¿por algún tiempo?) la actualización de este blog. Tal vez alguna vez vuelva a él,... no lo sé... 




Hace aproximadamente dos años inicié este blog referido a la relación entre Ciencia y Arte. Lo hice refiriéndome a la tesis de Charles Percy Snow acerca de la existencia de una brecha aparentemente irresoluble entre la ciencia y el arte.  Una brecha que aludía a la emergencia de una interpretación de la ciencia sustancialmente distinta a la que se tenía hasta mediados del siglo XIX cuando el científico era todavía definido como un artista. Así, la elite cultural pasó a considerar a la ciencia como un ámbito antagónico del arte que comenzaba donde, al decir de Siún Hanrahan [1], finalizaba “el capricho de la subjetividad”. Desde entonces, he intentado mostrar que hay y han habido puentes a través de este supuesto abismo y formas de reconciliar este antagonismo aparente.

Y para descubrir estos puntos de contacto no se requiere mirar hacia una élite científica sensible a las humanidades, o investigar en la obra de artistas interesados en la ciencia, ni indagar en los esfuerzos cooperativos entre artistas y científicos. Es suficiente con explorar el acto creador,

... ese estado mental que nos permite realizar un trabajo de este tipo, afín al de un devoto religioso o al de un amante; el esfuerzo diario no proviene de una intención deliberada o de un programa, pero directo del corazón [2].

Esta frase fue pronunciada por Albert Einstein en 1918, y por lo tanto se refiere al ámbito de la creación científica. Pero, sin duda, podría aplicarse a la creación artística, pues allí está el principal punto de contacto entre Ciencia y Arte, en el acto mismo de la creación. Es allí donde se diluyen las diferencias y ese abismo deja de existir...

Todavía me quedan en la guantera varios artículos en preparación, con nombres tales como Armónicos esféricos, William Kentridge, Rayografos, Tetraktys, Characterkörpe, Cianotipia, Koloschka, El arco volante, Walter Ford, Pompas de jabón, Messerschmidt, Puntos de Lagrange, Muybridge, etc. Pero, como decía al comienzo, aprovecharé el haber llegado a los 100 artículos, para detener la actualización de este blog.

¿Por qué decidí terminar con la entrada número 100? Por ningún motivo en especial. Si no tuviésemos diez dedos en las manos y, por consiguiente, diez símbolos en el sistema de numeración posicional que denominamos "decimal", tal vez nuestros siglos no duraría 100 años, sino tal vez 52 (como en el calendario Azteca), o 60 (como en el calendario Hindú). Un matemático no tardaría en encontrarle alguna propiedad distintiva al número 100, como seguramente podría hacerlo con cualquier otro número. Nos diría, por ejemplo, que

100 es el menor cuadrado que también es suma de cuatro cubos consecutivos. 

En efecto, 100 = 102 y 100 = 13+23+33+43.

En otras palabras, imaginen la siguiente instalación: Un cubo apoyado en el suelo. Junto a él, ponemos otro cubo del doble de altura. Pero lo ubicamos de manera que se toquen sólo por una de sus aristas, manteniendo todos sus lados paralelos. A continuación ponemos otro cubo tres veces más alto que el primero, y finalmente otro cuatro veces más alto. El volumen total será igual a cien veces el del primer cubo. Y se extenderán a lo largo del piso formando la diagonal de un cuadrado con un área igual a la de una cara del primer cubo.

Y no es una idea tan descabellada. Se me ocurre que el artista conceptual Sol LeWitt (1928 - 2007) podría haberla utilizado para algunas de sus estructuras [3]. En la imagen vemos su "Three x Four x Three" de 1984.



Pero no es esta la razón por la que elegí la centésima entrada para cerrar este blog. Sería preocupante que esa fuese la razón. Aunque, como dice la frase usualmente atribuida a Salvador Dalí [4],

Hay una única diferencia entre en un loco y yo. 
El loco piensa que está sano,
y yo sé que estoy loco.

La razón es más mundana. Este me pareció el momento adecuado para dejar (tal vez por un tiempo) de escribir en este blog. Y ¿qué quieren que les diga?... que me esté yendo de vacaciones de verano, ayuda... Hasta pronto.


  1. Siún Hanrahan: An Exploration of How Objectivity Is Practiced in Art, Leonardo 33 (4), 267-274 (2000).
  2. A. Einstein: Principles of Research (Physical Society, Berlin, for Max Planck's sixtieth birthday, 1918).
  3. http://sollewitt.publicartfund.org/exhibition/
  4. Shawn Kennedy: Funny Cryptograms (Sterking Publishing Company, 2003) p. 91.



3 comentarios:

  1. Hola que interesante y felicidades por el número 100, te dejo el link del curso de Arte, Ciencia y Biología que estoy impartiendo, quizá te interese viendo los tópicos tratados:

    http://www.tallermultinacional.net/acb12

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  2. Interesante propiedad la del numero 100. Muy bueno el articulo!

    Salu2.

    Federico.

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  3. Interesante propiedad la del numero 100. Muy bueno el articulo!

    Salu2.

    Federico.

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